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Walter Gropius: Su viaje a Japón

Una experiencia profunda es tener la dicha de poder viajar, en los años de madurez, alrededor del mundo y estudiar a los hombres de los diferentes países a la luz de sus formas de vida y de las obras realizadas.
Durante los últimos años he atravesado muchos mares y continentes y en todas partes tuve ocasión de observar la paulatina transformación de antiguas ordenaciones social y económicamente feudales, en modernos estados industrialistas bajo la forma que nos es tan conocida. No puedo decir que semejante experiencia e haya dejado una impresión satisfactoria. Hice la tentativa de establecer en que su país se había logrado conservar la iniciativa cultural y una forma de vida equilibrada y orgánica, y los frutos de estas indagaciones fueron, salvo el caso de algunas remotas culturas primitivas, bastante magros. Por donde quiera la influencia de la maquina había introducido tal desorden, que por el momento eran más visibles los daños que los beneficios de tal transformación.



Uno de mis viajes me llevo hasta Japón. La primera pregunta que se me hizo una vez llegado allí -vino de parte de un empleado de aduana- fue: ¿Tiene usted algo que ver con la cultura?. Desde luego que tengo algo que ver con la cultura, solo que nunca se me había formulado tan directamente esa pregunta en ningún aeropuerto. En el curso de mis dos meses y medio de estada en Japón (1954), trate de averiguar algo con claridad tocante a las consecuencias del choque entre la antigua cultura oriental y la civilización occidental moderna. No hace mucho nosotros hemos abandonado en Occidente casi todos los valores culturales de la área preindustrialista, en aras de una cosmovisión completamente nueva elaborada a base de ciencia y técnica, la cual sin duda ha contribuido para llevar nuestro nivel de vida material a una altura sin precedentes, aunque hasta hoy no haya estado en condiciones de despertar la lealtad interior ni aun de aquellos a los que ella debe su existencia.

Me pregunto si estaríamos en condiciones de contestar a algunas preguntas que pudiera formularnos algún reflexivo oriental; nosotros, que tenemos naturalezas tan divididas, cuya vida sentimental se nutre del pasado, mientras ellos en su vida profesional aplican los mas recientes adelantos técnicos. Mi impresión es que nuestra mentalidad occidental, en su incesante ímpetu por ejercer su dominio sobre siempre nuevos horizontes del mundo externo, podría aprender del espíritu oriental a descubrir también, mediante una intensificación espiritual, nuevos horizontes del mundo interior. Debiéramos comparar unos con otros los más profundos móviles de nuestra existencia, a fin de hallar lo que nos une, en lugar de ver tan solo lo que nos separa. El mundo físico se ha reducido demasiado como para que sigamos permitiéndonos vivir en una reciproca ignorancia -ignorancia que casi siempre lleva a la violencia-. Si Oriente y Occidente unieran sus dotes naturales, acaso lograríamos construir para el hombre del siglo XX un mundo más duradero de lo que parece posible.

Durante este viaje, lo que más me ocupo como arquitecto fue saber que podían aportar artistas, arquitectos y urbanistas, a fin de allanar el camino hacia una nueva unidad cultural. ¿De que modo conseguiremos quitar a nuestro ambiente el carácter de cosa incompleta que actualmente predomina haciéndolo tan insuficiente para nuestros contemporáneos?

Nunca he visto con mayor claridad que en Japón lo que concretamente significa una unidad coherente de la cultura. La razón de la profundidad y ramificación de la antigua cultura japonesa se ha de buscar en el hecho de que los japoneses no fueron casi perturbados a lo largo de mas de 1000 años por ninguna guerra con el exterior, en cuyo tiempo permanecieron bajo una forma de gobierno poco menos que invariable. Aun hoy el hombre común y el campesino revelan en todas sus reacciones esta profunda influencia. Un rasgo esencial que comparten en igual medida todos los japoneses consiste en una aspiración originaria hacia la belleza, factor cultural que en Occidente sé esta perdiendo cada día. Tan considerable es el papel que desempeña ese factor en la mentalidad japonesa que no habrá de desaparecer tan fácilmente.

Debería, pues, entrar en combinación con las propiedades y tendencias del mundo occidental que actúan sobre él robusteciéndolo ya que es el mejor aliado nuestro en la lucha por una cultura visual profundizada. Oriente y Occidente tienen que aproximar recíprocamente sus concepciones y mutuamente enriquecerse, intentando rechazar todo cuanto sea endeble y envejecido en ambas partes.

La casi exclusiva ocupación con problemas científicos y su realización material, ha producido en el mundo occidental tal empobrecimiento sobre otros campos de la evolución humana, que una mejor comprensión respecto de la cultura oriental podría coadyuvar a destacar nuevamente los valores desatendidos y abrirnos los ojos a experiencias que hoy faltan en nuestra vida.

Siempre me intereso el hecho de que en Japón se utilizara una vigorosa clase común para el unitario lenguaje de forma, sin que por ello la variante personal resultase ahogada. Ya había descubierto -aunque solo por ilustraciones- que la antigua casa japonesa trabajada a mano poseía ya todos los atributos esenciales de la moderna casa prefabricada, es decir, normas de proporción- la estera tipo de 1´80*6´90- y paredes corredizas; lo mismo puertas y ventanas. De ahí que me sintiera tan impresionado cuando finalmente vi estas tan admiradas casas en su todavía palpitante nexo cultura, hallando confirmado el techo de que aquí, ya desde épocas muy remotas, se habían encontrado soluciones para problemas que nos dan mucho que hacer a los arquitectos de hoy. Esta arquitectura se apoyaba naturalmente en la artesanía manual, lo cual hoy, como bien sabemos, se halla en todo el mundo- incluso en Japón- en plena decadencia y en camino de ser reemplazada por métodos e instrumentos industriales.

Durante este periodo de transición, la ventana para los japoneses ha consistido en que se mantienen todavía en una intima relación con ejemplos perfectos de un armónico equilibrio entre iniciativa individual y subordinación a un principio común. Esto ha debido ayudarlos a realizar el difícil y doloroso cambio de la artesanía al proceso mecánico con mayor elasticidad y con menos perdida de orientación y de tradición que otras civilizaciones.

Durante mi estado en el Oriente me fue dado comprobar una y otra vez que apenas se comprende allí la costumbre típicamente occidental de aspirar siempre a la mas practica, más racional, más higiénica solución de un problema. Una intima unión con el pasado, el respeto ante los símbolos históricamente significativos, la consideración por los conceptos de belleza y decoro, mezcladse con el ímpetu recién despertado de expresarse individualmente y con el deseo de sobrepasar a la civilización occidental; ímpetu unido, por lo demas, con sentimientos de rechazo por todo predominio e influencias occidentales. Todas estas cosas se entrecruzan en una media tal que resulta difícil hallar una plataforma común desde la cual pudiera ejercerse alguna influencia sobre el desarrollo.

Sobre todo me ha impresionado en Japón el hecho de que el estrato cultural de los últimos 1000 años se destaca de manera más visible en la vida sentimental del presente que en otros países; y, por mi parte, creo que nadie que prescinda de tomar en cuanto esos hechos puede comprender al japones ni predecir el tipo de sus reacciones. Una de las más tempranas muestras de la arquitectura japonesa es el santuario de Ise. Este templo es el santuario más antiguo de la religión sintoista; sus origenes se remontan a épocas legendarias y están unidas a la historia de la casa imperial japonesa. Hasta el propio día de hoy, el santuario es reconstruido por completo cada 20 años, de suerte que siempre se halla en un estado de extrema perfección. Nunca se ha considerado suficiente reparar solo aquellos lugares menos importantes, sino que el edificio entero es construido de nuevo en un terreno vecino, tan pronto como la edificación de madera, el techo reabierto de caña o las partes sobredoradas muestran signos de decadencia. El santuario vuelto a construir en cada caso mas que contener las reliquias resulta apenas visible en virtud de que esta rodeado de cercas cuyas puertas solo el emperador esta autorizado a trasponer. A nosotros se nos permitió, sin embargo, echar un vistazo al antiguo santuario, lo cual me dio ocasión de estudiar los más antiguos métodos de construir usados en el país, ante los cuales quede fascinado por la perfección del detalle.

El tratamiento de las superficies de madera, incluso en la parte exterior del templo, esta ejecutado con un esmero como solo podríamos aplicarlo al más refinado arreglo de interiores; y las terminaciones recubiertas de oro de la construcción en madera presentan un aspecto particularmente suntuosa.
Se me hizo referencia de que comienza a tornarse difícil encontrar los árboles gigantescos que posibilitan esta construcción; pero el inspector de obras confiaba en que en él termino de 200 años habria otra vez troncos en cantidad suficiente.

Ya el propio camino de acceso al santuario de Ise constituye una experiencia sugestiva. En Japón los santuarios del sintoismo y los templos budistas están siempre rodeados de añosos árboles y aquí elevando gigantescos alcanforeros solo comparables a las gigantescas sequoias americanas, a manera de poderosas siluetas surgidas de la llana zona costera del Pacifico.

Otro de los antiguos santuarios shinto procedente del año 1241, Itshukushima, esta en las cercanías de Hiroshima. La puerta de acceso, llamada “torii” que muestra por doquier la entrada a un templo, esta aquí emplazado en medio del agua del lago de la región y baña los edificios cuando sube la corriente.

A menudo se ha dicho que la arquitectura japonesa no es sino una rama de la China, pero semejante enfoque es tan engañoso como si en los diferentes ámbitos culturales de la Europa nórdica se quisiera ver no mas que modificaciones de un original grecorromano sin características independientes.

Es cierto que el contacto con el continente chino y con Corea, ha ejercido una influencia esencial en la arquitectura japonesa primitivo. Así, los templos budistas de Nara, la más antigua ciudad imperial de Japón, fueron levantándoos una vez que la influencia China se hizo fuerte, y en la forma de la disposición total del complejo. Se observa claramente el cambio de concepción. Un eje recto conduce de manera directa al centro del edificio y todo esta ordenado conforme a la más rigurosa simetría a fin de crear la atmósfera deseada de perfección divina. El Fondo mas grande del mundo esta colocado aquí en el llamado Daibuteu, uno de los templos del claustro Todaiji, construido primeramente en el año 752, y vuelto a construir por segunda vez luego de haber sido pasto de las llamas. La ultima reconstrucción data del 1709. La pesada construcción de madera ha soportado muchos sismos y tifones en virtud de que los pesos del edificio no apoyan en un punto sino que están repartidos sobre todo un sistema de sostén. La poderosa magnitud del edificio resulta impresionante, aunque solo tiene espacio suficiente para albergar la estatua del Buda cuyo peso es de 452 toneladas. Originariamente el templo fue erigido como un símbolo de paz y durante los siete años que duro la edificación los costos pusieron al borde de la ruina a la casa imperial y a la población de la ciudad. Pero un periodo de paz de setenta años siguió positivamente a la construcción.

Tras estas tempranas manifestaciones de la influencia chino-budista, comenzaron los propios japoneses, a través de una larga y constante evolución, a desarrollar una filosofía estética propia a menudo opuesta a la concepción China. En particular, la casa japonesa y la casa de te muestran fuertes tendencias independientes, por ejemplo, ninguna simetría, elemento utilizado solamente en el templo como símbolo de la divina perfección; acentuacion de la medida humana a través del fraccionamiento y frecuente cambio de direccion de los ejes; efectos para provocar sorpresa; apertura y flexibilidad del del diseño. Todas están son virtudes intemporales que con los recursos técnicos de que disponemos actualmente podrían hallar hasta una aplicación mejor que durante los siglos dominados por la artesanía manual.

Nos es posible comprender la arquitectura de otras naciones y periodo sen la medida que adquirimos conocimiento de sus formas de pensar y su filosofía.
La arquitectura japonesa, recibió una profunda influencia de la secta Zen, nacida en China, como en una rama de la fe budista y difundida aquí por obra del mundo ideológico confucionista y taoísta, confesiones que en los países orientales subsisten la una junto a la otra, sin mover mucho antagonismo. La doctrina Zen no gozo en China de mucha influencia, mientras que en el Japón fue recibida con entusiasmo y ha formado todo el modo de vida de los japoneses.

La doctrina Zen nos enseña un idea de educación humana de rigor espartano.
Sus enseñanzas eran tan sutiles que probablemente hubieran quedado paralizadas en una vasta impopularidad de no haber dado sus adeptos con un camino genial para manifestar sus convicciones a través de la accion directa, en vez de limitarse a la meditacion y el pensar especulativo. El sistema de autoeducacion que promovian era asimismo tan superior que habilitado a sus agentes a exponer sus ideas filosoficas con desusada penetracion.

Los primeros catequizados fueron los capitanes y samurais, que dirimian con las armas en la mano las rivalidades surgidas entre los llamados shoguns durante un periodo en el que al emperador le había sido sustraido todo poder.

En medio de su insegura, belicosa existencia aspiraban ellos a una doctrina que los elevase por encima de los azares del personal destino haciendolos intimamente independiente. Retoños de la disciplina de esta casta de guerreros surgieron todavía personificados en los pilotos kamikadzi durante la II Guerra Mundial. Pero mas importante todavía es el hecho de que este espiritu inspiro tambien la ceremonia del te, que, en ultima instancia, ha formado el caracter de todo el pueblo japones, sin distincion de clase, a través de su ejemplo de una mayor simplicidad, unida con el mas refinado sentir del valor cualitativo y matizacion. Dicha ceremonia es mucho mas que un formalismo de indole social; es expresion y símbolo de una integra cultura de la vida, y todo visitante del Japón, echa de ver todavía hoy su influencia a cada paso. Lo sorprendente es que la arquitectura japonesa, que durante tantos siglos pudo madurar no turbada por influencias exteriores, cumpliendo asi sus diferentes fases, haya alcanzado su culminacion en un culto de suprema sencillez. Nada sin embargo en esta simplicidad esta abandonada al azar. Nosotros, miembros de la civilización occidental, con nuestros informes maneras improvistas, tenemos que parecer a los ojos de un japones a menudo como un horde de niños indisciplinados que no han aprendido jamas la importancia de la economia material y espiritual. Mientras nuestra civilización padece por una heterogenea abundancia de accidentales formas y colores la cultura japonesa consistio en llevar lo esencial, el plano de la accion, mediante un consecuente proceso de segregacion de toda la superficie.

Quede plasmado de ver la extraordinaria influencia que a través del rito del te había tenido la filosofía zen no solo sobre los habitos de la vida, sino tambien sobre la ordenacion tradicional de la casa y los utensilios. Por doquier reino una imperceptible, noble simplicidad desde los elegantes enseres cotidianos trabajados con primor, hasta, la inteligente aplicación de colores y texturas, y siempre es de notar el mayor esmero en la disposición de los diminutos jardines que conducen al visitante hasta el recinto destinado al te. La tradicional ceremonia del te, se ha convertido en el Japón actual en una sencilla sociedad reunida en torno al te, aunque algo queda todavía en vigencia del espiritu originario; este espiritu ha acordado dignidad a la pobreza y la actitud extraordinariamente contenida que mantiene al japones en medio de las circunstancias adversas obedece, tambien a dicho espiritu.

En la actualidad, los jovenes japoneses adoptan una actividad de energica critica frente a este autoimpuesta economia de los medios y se resuelven contra el ideal de la noble pobreza. Lo que fascina a nuestro ojo se ha convertido para ellos en el símbolo de su fracaso en la tarea de crear comodidad de vivienda, y sostienen que la sencillez que tanta impresion hace en nosotros no es en modo alguno voluntaria, sino mas le es impuesta por imperio de las circunstancias. Sea como fuere, sera una perdida imprescindible.

Para todos los hombres de alguna disposición artistica, que en recondita forma de vida japonesa se volviese completamente en favor de nuestra inclinacion hacia los bienes materiales y de nuestra epidermica caza de novedades. Cosa distinta seria si en las primeras creaciones del Japón no se tratase sino de los atributos de un pasado feudal; pero ellas están llenas todavía de posibildades no realizadas. En nuestros dias la juventud esta dispuesta a echar todo el pasado sobre la borda, y yo he escuchado con mucha atencion las acusaciones que contra si mismos formulan. Tenemos que tener muy en cuenta que el budismo zen carece de respuestas para los problemas sociales que son tan candentes para la generacion del día. hasta la tesis zen aceptada hoy de que es imposible elevar materialmente el nivel de vida sin rebajar la calidad espiritual, parece en la actualidad, cosa superada.

Hoy ya no se cree mas que el hombre solo puede mejorar despojando a su hermano. El progreso cientifico censurado por el budismo zen siempre a causa de su caracter analitico, puramente intelectual, me ha puesto actualmente en condiciones de mejorar el nivel de vida sin rebajar su calidad.

El hecho de que este conocimiento no se haya por doquier convertido en accion concreta no tenian su valor, y, por su parte, muestra la endeblez moral y los prejuicios del hombre moderno. En suma, el budismo Zen es, en su antigua forma y con sus viejas asociaciones, insuficiente para el hombre de hoy; pero bastaria con que se le quitaran sus lastres y se la llenase de nuevo espiritu para que mostrase su esencia vital y saludable.
Hay un pensamiento, me he interesado particularmente en esta filosofía, es decir, la diferenciacion entre principios eticos y artisticos. Zen tiene los impulsos artisticos por mas fundamentales y originarios que los eticos, dado que son de indole creadora, y por ende, de significacion mas elemental, en oposicion a las leyes morales que son de indole reguladora y están subordinadas al cambio de las costumbres. A pesar de esta ordenacion jerarquica la observancia de la estricta obligacion moral constituye el supuesto. El discipulo Zen aprende a controlar sus sentimientos, en vez de ahogarlos como sucede en el puritanismo occidental. Para sorpresa aun encontre algunos de mis propios pensamientos, tal como fueron desarrollados por mi en la Bauhaus, confirmados en la doctrina Zen, por ejemplo, aversion por todo debate intelectual, puramente verbal -los callejones sin salida de logica, como los llaman los filosofos Zen-, en beneficio de una reaccion instintiva frente a la experiencia directa. Cuando se me pidio que pronunciara algunas palabras, al termino de una sesion de todo un día con mis colegas japoneses, accedi y lo hice con esta recomendacion Zen. Desarrolla una tecnica infalible y entregate despues a la gracia de la inspiracion. En ocasiones se ha sostenido que al movimiento arquitectonico euroamericano he recibido una influencia demasiado vigorosa del Japón. La estupenda afinidad formal que parece existir entre la antigua cultura arquitectonica del Japón y la moderna concepción de la arquitectura occidental, he tenido, en efecto, supuestos basicos completamente diferentes, en mutua independencia. La idea japonesa se fundaba en una muy antigua filosofía minuciosamente elaborada que había dado forma a los habitos vitales de sus adeptos hasta en los detalles minimos. Nosotros, por el contrario, estamos en un nuevo comienzo y hemos dado ya los primeros pasos para instituir un equilibrio entre pensamiento y nuestra accion.

Vivimos en una epoca caotica que se esfuerza con desesperacion por asimilar los grandes descubrimientos realizados en el campo cientifico y psicologico y que solo en una forma vaga se siente unida por obra de principios filosoficos o religiosos. Por otra parte, la arquitectura japonesa se ve favorecida por un clima mucho menos duro y restringente que el de los países nordicos de Occidente, amen de que la situacion insular ayudo al país contra los ataques enemigos. De ahí que algunos de los envidiables monumentos de la arquitectura japonesa pudieran desarrollarse ya desde muy temprana epoca.

Por ejemplo, la apertura al aire de la casa que el arquitecto occidental solo pudo introducir una vez que los nuevos recursos técnicos de nuestro periodo industrial se lo hicieron posible. Hasta entonces nuestra forma arquitectonica occidental no había podido sacudirse del todo el caracter defensivo que en el decurso de los siglos le había sido impuesto en la lucha con un clima hostil y con las invasiones enemigas.

Estas razones ponen en claro, probablemente, la sorprendente analogia visible hoy entre la antigua concepción de la arquitectura japonesa y la occidental de reciente data analogica, que no ha de confundirse con un traslado superficial e imitativo de ciertas propiedades del estilo. La casa japonesa tradicional impresa de una manera tan admirablemente moderna, debida a que encontro perfectas soluciones ya seculares para problemas con los que el moderno arquitecto occidental esta ocupado recien ahora, a saber: perfecta flexibilidad de las paredes exteriores e interiores, utilizacion alternada de los espacios, dimensiones sujetas a normas de todos los elementos de construir, y prefabricacion. En un mercado japones es posible comprar todavía hoy las partes de fabricacion en serie de una casa de madera, y luego armarlas en el lugar destinado para la construcción. La multiple aplicabilidad de todas estas partes es tan grande que por su intermedio se cumple la exigencia aparentemente contradictoria de unidad y de variabilidad. Una tal consecuencia en el desarrollo pone de manifiesto siempre una consistencia cultural ampliamente ramificada y de profundidad no común.

Pero hoy en día, el joven arquitecto japones se siente a menudo dispuesto, de muy buena gana, a rechazar todas estas ventajas, ya que para el están ideologicamente unidas con el pasado feudal y su falta de espacio privado e independencia personal. Su preferencia esta por las compactas e inmoviles paredes de cemento que para el personifican la firmeza y capacidad de resistencia que quisieran dar a sus modernos edificios. Pero, en medio de su entusiasmo, olvide con facilidad que el calor humedo del verano japones exige compartimentos ventilados en todo lo posible y que solo muy costosos métodos de aislacion pueden obviar los naturales inconvenientes que para la construcción de viviendas resulta de la compacta pared de cemento.
La relación entre casa y jardin, que por las razones antes enunciadas tardo mucho tiempo en desarrollarse en los países occidentales, en Japón ocupo el centro del interes ya desde siglos. Ventanas, terrazas, y verandas, fueron dispuestas siempre con inclusion del paisaje inmediato y del mas retirado.

Estos jardines no están pensados para mas picnics y juegos campestres. Se los contemplaba desde la altura de las terrazas de las casas o desde los templos y abrian a los ojos del observador contemplativo todo un mundo de fantasia e imagenes poeticas. Las verandas de madera lisa y resplandeciente que, como los ambientes interiores no pueden ser pisados con zapatos, reciben sombra del saledizo del techo y descansan sobre soportes de madera como proteccion contra la epoca de las lluvias. Particularmente atractivo y moderno es el efecto que produce el fascinante mirar, a través de los ambientes, hacia el jardin.

Los jardines japoneses resultan tan desusadamente hermosos y poeticos a causa de que toda la nacion esta animada de amor y comprension hacia la naturaleza. Por mi parte creo que la manera que tienen los japoneses de estimular a la naturaleza, incitandole por medios naturales a dar de si rendimientos extraordinarios, tiene un valor de futuridad mucho mayor que nuestro metodo occidental de dominar a la naturaleza y explotarlo utilitariamente.

Durante un paseo en auto a través de una pequeña ciudad en las cercanías de Tokyo, halle una vez nuestro camino poco menos que bloqueado por un arbol gigantesco, en mitad de la alzada. Tenia colgada, un letrero con esta exhaustividad: “Amo a este arbol”. Los vecinos de la ciudad no habían podido decidirse a quitar de allí un ejemplar tan magnifico de arbol solo por favorecer el trafico.

Hermosos jardines no solamente se encuentran en los templos o las grandes residencias rurales. Por el contrario constituye un particular del jardinero japones al transformar el mas diminuto patio en un espacio abierto lleno de atractivo y gracia. Encerrados entre casas de ciudad, en los fondos de miseros restaurantes, en lugares yermos que entre nosotros solo servirian para acumular trastos viejos, por doquier se hallan plantas dispuestas en grupos y árboles sumamente ciudades.

Cuando el sitio no se presta para la vegetacion, se procede a la ordenacion de piedras y bloques de granito, de suerte que un lugar que hasta entonces no decia nada se transforma casi unanimente. El entusiasmo japones por las rocas y piedras no conoce limites; y lo que al principio probablemente solo fue un metodo practico para mantener transitables los caminos durante la epoca de lluvias estivales, evoluciono hasta convertirse en arte consumado. Arte que por donde quiera es ejercido con pasion, de manera que por ultimo fue preciso dictar leyes que prohiben extraer trozos de roca del lecho de los rios y de los paisajes.

Una experiencia contundente constituyo mi visita al Jardin de Rocas Ruoanii, en un monasterio Zen situado en Kyoto (1480). Las ilustraciones, no pueden reproducir la impresion de magia que sugiere el lugar. Consta de un espacio rectangular de 9*24, cortado en uno de sus lados por el edificio del monasterio y en los 3 lados restantes por un muro bajo con un revestimiento de ladrillos de color grisaceo. Desde la terraza de madera del lugar de recepcion del monasterio se contempla hacia abajo el jardin. La primera impresion cuando se sale a el, lo deja a uno sin habla. Todo lo que allí se ve son quince rocas grandes y pequeñas cuidadosamente seleccionadas, dispuestas sobre grava de color blanco que cubre toda la superficie. La grava aparece cuidadosamente rastrilladas en lineas paralelas y al llegar a las piedras siguen sus contornos.

La sencillez de las piedras naturales, seleccionadas conforme a sus proporciones, evita tambien el peligro del super refinamiento. La escala del conjunto es monumental a pesar del reducido tamaño del jardin. Un sentimiento de paz infinito se comunica al observador, sentimiento que no obra sin embargo de modo alguno adormecedor, sino estimulante. Por obra de las relaciones de tension perfectamente equilibradas.

Las piedras no aparecen fijadas de manera inalterable en sus tamaños relativos, permitiendo por lo mismo el juego de la fantasia infinitas posibilidades de extension. Nos hallemos aquí enfrentados a un arte cuyo poder de seduccion trae a todos a su senda.

El escritor japones Hasegawa ha dicho que el proceso cultural del arte japones del pasado se refleja en formas democraticas, pese al regimen politico feudal.

Mi impresion personal ha ratificado esa concepción. Cuando se compara la casa y el jardin del simple hombre común o del campesino con los de un ciudadano acomodado o inclusive con los del emperador se cae en la cuenta de que en lo esencial todos tienen caracter afin. Se diferencian solamente en su tamaño y en la calidad del material empleado y en su elaboracion, mas no en la concepción fundamental a diferencia de lo que sucede entre las obras de arquitectura nacidas durante el periodo feudal en Europa y otros lugares. En oposicion de la que se imagina en Occidente con respecto a la casa de papel japonesa, las casas de los campesinos son, por ejemplo, no solo de belleza nada común, sino ademas de notable solidez. El espiritu de familia, o mejor todavía de casta se encuentra altamente desarrollado y es obligacion de toda la parentela tomar parte en la construcción de la casa de cualquiera de sus miembros. Por este medio ha sido posible mantener un nivel de calidad que desde mucho tiempo se ha perdido en las grandes ciudades modernas.
En las pequeñas y limpias aldeas no se ven nunca granjas sucias y abandonadas, techos deshilachados o sitios para los desperdicios sin ningun cuidado; por dondequiera se halla rica abundancia de árboles y plantas, y los mismos campesinos agregan matices de colorido con sus vistosos trajes.

Cuando comparemos estos modestos edificios con las elegantes mansiones de las clases dirigentes de épocas anteriores, nos encontramos con las mismas características fundamentales, bien que en una forma mas refinada mas opulenta, cuyo proposito es evidenciar un nivel de vida mas distinguida.

El ejemplo mas notable de este espiritu democratico es la villa imperial de noble Katsura ubicada en Tokyo. Fue comenzada en el año 1620, bajo la influencia del gran maestro de te Kobori Enshu. Aunque se trata de la propiedad de un principe no se ve allí nada de pompa, nada de lujo superfluo; con la mayor discreccion y sencillez se ha levantado ali una de las mas nobles construcciones de la cual irradia toda una atmósfera de libertad y sosiego.

Todavía hoy nos sentimos fuertemente atraidos por esta arquitectura, en virtud de que en ella, de una manera sin precedentes, al diseño arquitectonico ha sido regulado segun la medida del hombre, sus formas de vida y las realidades de su existencia prescindiendo de toda abstracta representacion.
Nada de vanidosa ostentacion, nada de monumentalidad presuntuosa; solo el deseo de crear un marco hermoso para una vida armonica.

El trabajo en equipo que dio nacimiento a la villa Katsura -aun existen los informes al respecto- revela una saludable fusion de diseño y ejecucion, en vez de la fatal separacion de ambos de que padece nuestra arquitectura actual. El edificio y su contorno inmediato constituye una composicion espacial congruente y de solida unidad; ninguna concepción espacial de caracter estatico, nada de simetría; nada en el plano de acentuacion central de una determinada parte. El efecto artistico, resulta puramente espacial por obra de la relación fluida entre lo interior y lo exterior.

Especialmente caracteristico del espiritu de todo el conjunto es la formacion del sendero de acceso a la villa, el cual, obedeciendo a las reglas Zen, evita toda accion directa, axial y simetrica.
En lugar de la imponente y recta avenida de intento se prefirio el camino de acceso intimo, planteando con flexibilidad, que en cada recodo ofrece nuevas sorpresas a medida que se acerca a la casa de una manera natural y sin pretensiones.

El proyecto de toda la construcción, especialmente el de la parte mas antigua, es de una claridad extraordinaria, y la calidad de la ejecucion tan notable como el proyecto: un sencillo esqueleto de madera hecho de soportes y tirantes y paredes movedizas, externas e internas, que no sostienen ningun paso. El puntal para el viento asiente oculto bajo el hecho, y solidas e invisibles uniones de madera aseguran la construcción firmemente contra los huracanes.

Las normas de las proporciones utilizadas durante ese periodo eran mas sutiles que las de los egipcios, incluso que las de los griegos. Todos los espacios están repartidos segun unidades de esteras -las de tatami, 0´90*1´80 aproximadamente-, y las dimensiones de todas las partes de la construcción en direccion horizontal y vertical son el multiplo del modulo que varia con la magnitud de los espacios y de sus palmas construidos. Los espacios vacios acentuados y los atenuados colores de las paredes constituyen deliberados recursos para poner de resalto la figura humana contra un fondo ventajoso.

Tambien aquí se observa la preferencia por los claros contrastes contra la estricta pureza del marco arquitectonico la espontanea y esbozada pintura y la riqueza de esplendidos vestidos; contra la liviana y transparente construcción de madera el pesado teatro estructural. El uso de materiales contrastantes que reciprocamente intensifican su eefecto data de epoca muy temprana: por ninguna parte se choca con ensayos por universales formas y colores de manera penosa y forzada, sino que el efecto se busco a través de un equilibrio complementario y de un establecer reciprocas relaciones. El empleo de maderas aprovechando sus colores y vetas naturales y el de trenzados de madera y bambu para paredes y cielos rasos, constituyen una demostraccion cabal de la union del hombre japones con la naturaleza, aquí y alla se opto incluso por una deliberada imperfeccion, tal como tambien lo encontramos en la naturaleza, pues lo imperfecto era considerado como alguien perteneciente a la vida palpitante, reservandose la simetría, como símbolo de la perfección, tan solo al templo y a la divinidad.

Los recursos para expresar lo estetico son puramente arquitectonicos, es decir, contrastes entre claro y oscuro, entre superficies abruptas y lisas, y empleo de sencillos cuadrados, rectangulos y lineas. Pero ninguno de estos recursos constituye una abstraccion puramente estética; todos sirven a las realidades de la vida cotidiana. aquí el arquitecto moderno pede aprender lo que significa subordinar su persona y su obra a una nueva idea suprapersonal, cuyo objetivo es la unidad armonica de todo el contorno y evitar las trampas de la vanidad de la novedad y de la busqueda de sensacionalismo. Tal es el lugar donde habita el hombre que esta en equilibrio consigo y con la creacion.

Este noble y riguroso estilo tiene, por modo muy caracteristico, su contraste en el mausoleo existente en Nilo, erigido al mismo tiempo por la poderosa familia Tokugawa para su propia clasificacion. En su ejecucion un poder artesanal de relieve extraordinario se prodigo en una orgia de corazon ornamental y exhuberante decoracion. Su efecto destruye la claridad de la composicion arquitectonica y pone a descubierto ambicion y prodigalidad.

La impresion, por el contrario, que recibe el visitante de esa pura forma de la villa Kotsura, lo arrebata a un plano espiritual mas elevado. Ella representa los ideales y virtudes de la sociedad japonesa del pasado y su estilo aceptado de vida, a la vez que exhibe el apogeo de su creacion arquitectonica. Es tal vez lo unidas de la tradición aristocratica, por una parte, con las formas, ya mas elementales y apegadas a la tierra de la sencilla casa del campesino, de la obra, lo que ha cimentado su prestigio. Su influencia sobre la arquitectura asi campestre como ciudadano fue ilimitado hasta que finalmente la energica civilización occidental precipito los espiritus en la confusion y conmociono la tradición japonesa integra.

Se ha de convenir, no obstante, en que hasta la villa Katsura muestra algunos signos de decadencia en el gusto, que es preciso reconocer con toda claridad para poder separar las formas esenciales de los accesorios en el aspecto general que presenta el edificio. Solo asi podemos apreciar su influencia sobre la tradición japonesa, por una parte, y sobre nuestra propia arquitectura moderna por la otra. La villa fue construida en tres secciones del proyecto, graduado de una manera irregular y en los elementos estructurales del mismo, domina un espiritu puro y energico en la seccion construida en ultimo termino, el nuevo gotico (1658), la pureza de la concepción aparece algo perjudicada por el agregado de elementos ornamentales en los espacios interiores, como por ejemplo, las guarniciones de bronce, demasiado refinadas aplicadas en las puertas corredizas, los rellenos “ramma” puramente decorativos sobre las puertas, los suntuosos estantes y armarios de pared y el ventanal chino en la habitacion principal.

Cuando aplicamos la norma maxima advertimos tambien algunas debilidades en la estructuracion del jardin. Aunque intima especialidad de sus diferentes partes del jardin, los senderos artisticamente pavimentados y las plantaciones, resulten de una belleza graciosa aquí y alla debilita la conexion que presenta la estructuracion del conjunto. Algunas de las sobrecargadas composiciones a base de piedras me recuerdan el antiguo juego japones denominado bonseki, en el cual los guijarros son reunidos en un recipiente lleno de arena, dando lugar a disposiciones y figuras artisticas.

Pero, en su conjunto, nada puede disminuir la fuerte impreion que esta obra maestra de la arquitectura sigue produciendo todavía un hobby en nosotros.
La villa Katsura nos emociona tan a lo profundo debido a que en ella, de una manera sin precedentes, la estructuracion surge por fin del seno de una relación estrecha para volcarse hacia el ser humano su estilo de vida y las realidades de su existencia. Solo maestros sabios y de experiencia pueden poner de manifiesto por modo tan convincente el genio japones para la creacion del espacio arquitectonico conforme a una medida realmente humana.

Dentro del largo periodo de desarrollo del estilo de vida japones de aquella epoca, fue cimentada con solidez el procedimiento arquitectonico relativo a la vivienda. Con el correr del tiempo alcanzo una perfección a tal punto, equilibrada, que la fantasia creadora del arquitecto se agoto en una habilidad artistica. Cada vez mas refinada y ya no se hizo ninguna tentativa de cuestionar los principios fundamentales. Las infinitas posibilidades artisticas que se revelaban a través de la inexhaustible flexibilidad del sistema dieron a este una durabilidad que nadie se atrevio ya a poner en duda. Por el contrario, era considerado de buen tono a tenerse a la influyente tradición y canalizar los propios impulsos personales por esa misma direccion.
Esta arquitectura ha ejercido tanta influencia sobre mi, que, para sorpresa de mis propios colegas, quienes solo me conocian como un revolucionario en el campo de la arquitectura, me propuesto energicamente no echar del todo por la borda el espiritu de esta importante tradición. Por una parte como que aun esta rebosante de no agotados y palpitantes valores para nuestra vida moderna. No cabe duda que el japones de hoy se habla frente a inmensas dificultades para adaptarse al tempo acelerado del desarrollo de nuestra epoca. Cuando penetra por las zonas antiguas de su ciudad con frecuencia se ve rodeado todavía de disposiciones y habitos medievales; calles enteros dominadas, por diferentes corporaciones de artesanos, pequeñas tiendas donde se expenden productos elaborados en las callejuelas angostas imposibles de recorrer con el automovil. En contraste con todo ello están las pares nuevas de la ciudad, donde la gente en su mayor parte viste prendas modernas y donde las calles tienen el mismo caracter desigual, desordenado e informe que entre nosotros. Azacaneados entre el temor frente a la tradición y el deseo de precipitarse sin escrupulo alguno en medio de la nueva aventura, dejados de lados por nuevas ideologias y por una concepción estatal que repentinamente transforma una dictadura militar en una moderna democracia, los japoneses se hallan hoy en una voragine de problemas.

El obstaculo principal es culturalmente la superpoblacion. Es deprimente ver el efecto devastador que esta presion ejerce en un país donde todavía se hallan por doquier testigos de una elevada norma cultural. En el sistema economico preindustrialista del Japón, muy en vigencia todavía hoy, el numero de hijos constituia un factor de importancia dado que todos los campesinos y mercaderias realizaban sus actividades con la ayuda de niños no de empleados. A falta de instituciones de prevision oficial, muchos ancianos actualmente siguen dependiendo de la ayuda que prestan los niños. Pero mientras en tiempos anteriores a una alta mortalidad de niños disminuia sensiblemente el numero de la población, en la actualidad, por efecto del progreso en materia de higiene y asistencia se produce un crecimiento (el porcentaje es menor que en los Estados Unidos), situacion agravada todavía por la repatriacion de los que estaban en las comarcas ocupadas del continente. Antes de la guerra poseía Japón 673000 kilometros cuadrados aproximadamente, de los que han perdido un 46 %. Solo el 15´5 % de esta tierra es susceptible de urbanizacion; el resto es tierra montañosa cubierta de bosques. De ahí que, pesea a la industriosidad del campesino japones, el arroz tenga que ser importado, al igual que un alto porcentaje de la materia para la industria, ya que en Japón solo existen no muy relevantes yacimientos de carbon, petroleo y hierro. Cuando el almirante Perry llego al Japón, en el año 1853, el país contaba con una población de 27 millones de habitantes; sobre la misma una superficie aproximada, la cifra asciende ahora a 88 millones.

El arquitecto japones se halla frente al problema casi insolubre de brindar alojamiento a una población cuyo genero de vida, particularmente en las ciudades, se encuentra en un estado de profunda transformacion. Aparte de que tiene que trabajar con recursos limitados se halla trabado tambien por el hecho de que el compromiso entre la actitud japonesa tradicional entre la vida y la occidental moderna lo coloca ante los mas dificiles problemas psicologicos y técnicos. En la casa tradicional, el japones tradicional ante la vida y la occidental moderna lo coloca ante los mas dificiles problemas psicologicos y técnicos. En la casa tradicional, el japones habita espacios relativamente pequeños, pero libres del gasto en muebles y objetos de uso corriente que desfiguran nuestros ambientes. Nada de sillas, nada de camas, solo algunas mesas enanas y cojines es todo lo que se usa. Para dormir se extraen de los amplios armarios de pared ciertas piezas en forma de colchones y se las extiende sobre el piso cubierto de esteras. Para ser nuevamente retiradas al otro día. Ahora bien, si en esta disposición espacial tan finamente pensada se inrodujeran los hoy tan deseados implementos occidentales, a saber, sillas y camas, harian saltar los marcos y destruirian las proprociones. El arquitecto esta, pues, frente al dilema de tener que atiborrar los espacios de la casa tradicional, cuyas partes puede todavía relacionar de manera estimable, o bien duplicar el tamaño de la casa, cosa que solo muy pocos clientes pueden permitirse. Una complicacion mas grande todavía surge con la introduccion de las instalaciones para la calefaccion que por cierto faltaron por completo en la casa tradicional hasta la epoca del brasero para carbon. Las puertas de madera y paredes corredizas se alabean y rajan, y las superficies barnizadas estallan por efectos del calor. La llamativa ausencia de instalaciones para calefaccion en el Japón se explica, segun mi impresion, por una falta de espiritu inventivo que por la deliberada restriccion espartana que el pueblo japones se impuso en beneficio de los efectos esteticos.

La educacion siempre ha sostenido que es mas importante desarrollar el espiritu que enervar el cuerpo, de suerte que los hombres en el momento actual, cuando esos principios no son todopoderosos, solo con mucha lentitud se van haciendo a las comodidades modernas, aparte de que la mayoria de ellos no esta en condiciones de proporcionarselas. Pero, a pesar de todos los actuales impedimentos, yo creo que la nueva generacion, en punto a concepción arquitectonica, adoptara frente al futuro una posicion audaz y sin sentimentalismos. Para la nueva y fecunda sinteiss de las muchas tendencias contrapuestas palpables en su actual concepto arquitectonico, echa mano, casi de los elementos del pasado todavía vivientes como de los que le ofrecen el presente. Japón actualmente sigue todavía en posesion de la preciosa herencia del pasado, o sea: una unitaria cultura de la vida, sustentada por los habitos vitales de la totalidad del pueblo. Aun posee una tan amplia y unitaria expresion de la forma que le permite incorporar infinita variedad de manifestaciones individuales, signo este de autentica y profunda cultura. El dificultoso giro hacia la moderna era industrialista hubo de realizarlo dentro del espiritu de su propia cultura, enriquecido desde luego por los adelantos técnicos y sociales de Occidente, pero sin entregarse por completo a la mentalidad occidental. En Japón día a día aumentan las pruebas de que estas formas de pensamiento se abren camino cada vez mas. Los mejores arquitectos han reportado bien el primer choque desconsolados de la invasion occidental; sus maduras contribuciones para el desarrollo de la arquitectura moderna pertenecen a lo mejor que hoy se produce en el mundo.

En el breve tiempo transcurrido desde la construcción del Parque de la Paz en Hiroshima (1953), bajo proyecto de Tange Kenzo, la arquitectura moderna japonesa -especialmente los edificios publicos- ha tomado un vuelo inesperado. Esas construcciones de la alta calidad arquitectonica, son al mismo tiempo, en el mejor sentido, modernas y exhiben una autentica peculiaridad japonesa. Son en suma los resultados de una cultura propia y unitaria, sustentada por raices profundamente arraigadas en el pueblo japones, es decir: su sentido de la belleza, el orden claro y de las conexiones organicas. 

Fuente: Arquba.com

Papier posté le vendredi, mars 07, 2014 . Sous la rubrique , . Vous pouvez suivre toute réponse à ce papier en vous abonnant au flux suivant RSS 2.0

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