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Vitruvio: Libro Segundo

Los Diez Libros de Arquitectura

Introducción

El arquitecto Dinócrates, confiando en sus proyectos y en su ingenio, marchó desde Macedonia hacia el ejército de Alejandro, que estaba consiguiendo ser el señor del mundo, ansioso de ganarse su protección. Dinócrates era portador de unas cartas, avaladas por sus parientes y amigos que iban dirigidas a los principales mandatarios purpurados, a quienes solicitó le recibieran amablemente y le posibilitaran acceder ante Alejandro lo más pronto posible. Se lo prometieron, pero la entrevista se retrasaba bastante, esperando el momento oportuno. Por ello, pensando Dinócrates que se burlaban de él, optó por presentarse directamente. Era un hombre de gran estatura, rostro agradable, porte y prestancia exquisitos. Confiando en sus dotes naturales, dejó sus ropas en la hospedería, perfumó su cuerpo con aceite, coronó su cabeza con guirnaldas de álamo, cubrió su hombro izquierdo con una piel de león y tomó en su mano derecha una clava; así avanzó con dignidad ante el tribunal donde Alejandro impartía justicia. Su esmerada presencia llamaba la atención del pueblo y hasta el mismo Alejandro se fijó también en él. Mostrando gran sorpresa, Alejandro ordenó que le permitieran el paso para que se acercara y le preguntó quién era. El contestó: «Soy Dinócrates, arquitecto de Macedonia y traigo para ti unos proyectos y unos bocetos, dignos de tu grandeza. He transformado el monte Athos en la figura de una estatua viril; en su mano izquierda he diseñado las murallas de una gran ciudad y en su derecha una enorme patera que recoja las aguas de los ríos que fluyen en aquel monte, con el fin de verterlas al mar desde su propia mano». Alejandro quedó gratamente satisfecho ante la descripción de tal proyecto y al momento preguntó si alrededor de la ciudad había campos que la pudieran abastecer con sus cosechas de trigo. Al manifestarle que no era posible el abastecimiento sí no era mediante el transporte de ultramar, contestó: «Dinócrates, observo con atención la magnifica estructura de tu proyecto y me agrada. Pero advierto que si alguien fundara una colonia en ese mismo lugar, quizás su decisión sería muy criticada. Pues, así como un recién nacido sólo puede alimentarse con la leche de su nodriza y sin ella no puede desarrollarse, de igual manera una ciudad no puede crecer sí no posee campos cuyos frutos le lleguen en abundancia; sin un abundante abastecimiento no puede aumentar el número de sus habitantes ni pueden sentirse seguros. Por tanto, en cuanto a tu plan pienso que merece toda clase de elogios, pero la ubicación de la ciudad debe ser desaprobada. Es mi deseo que te quedes a mi lado, pues quiero servirme de tu trabajo». Desde este momento, Dinócrates ya no se apartó del rey y siguió sus pasos hasta Egipto. Al observar Alejandro que había allí un puerto protegido por la misma naturaleza y un extraordinario mercado, además de campos sembrados de trigo que ocupaban toda la extensión de Egipto así como las enormes ventajas que proporcionaba el impresionante río Nilo, ordenó que él fundase allí mismo una ciudad, de nombre Alejandría, en honor a su propia persona. De este modo Dinócrates, apreciado por su interesante aspecto y por su gran cotización, alcanzó la categoría de los ciudadanos distinguidos. Pero a mi, oh Emperador, la naturaleza no me ha concedido mucha estatura, la edad ha afeado mi rostro y la enfermedad ha mermado mis fuerzas. Por tanto, ya que me veo privado de tales cualidades, alcanzaré la fama y la reputación, así lo espero, mediante la ayuda de la ciencia y de mis libros.
Como ya he consignado por escrito detalladamente en el primer libro, lo propio de la profesión del arquitecto y los perfiles de su definición, y como he tratado ya el tema de los muros, la parcelación de las superficies dentro de su ámbito, siguiendo un orden, pasaré a tratar ahora de los santuarios sagrados, de los edificios públicos y privados, insistiendo en sus adecuadas proporciones y en su necesaria simetría. Pero, con el fin de desarrollar todos los temas de una manera completa, he pensado que no debía tratar de inmediato ningún tema, si previamente no exponía todo lo referente a los materiales, maderas y estructura con los que se llevan a cabo la construcción de los edificios; las propiedades y cualidades de tales materiales atendiendo a su utilidad y cuál es su disposición según los principios naturales que los componen. Pero, antes de pasar a exponer las sustancias naturales, trataré previamente la teoría de los edificios, cómo han sido sus orígenes, cómo han ido desarrollándose sus distintos descubrimientos; proseguiré luego con los avances de la antigüedad respecto a la misma naturaleza y con los autores que descubrieron los orígenes de las primitivas comunidades humanas y consignaron sus logros, plasmándolos en distintas normas. Así pues, pasaré a exponer cuanto he sido instruido por dichos escritores.

Capitulo 1. Las comunidades primitivas y el origen de los edificios

En los primeros tiempos, los humanos pasaban la vida como las fieras salvajes, nacían en bosques, cuevas y selvas y se alimentaban de frutos silvestres. En un momento dado, en un lugar donde espesos bosques eran agitados por las tormentas y los vientos continuos, con la fricción de unas ramas con otras provocaron el fuego; asustados por sus intensas llamas, los que vivían en sus aledaños, emprendieron la huida. Después, al calmarse la situación, acercándose más y más, constataron que la comodidad y las ventajas eran muchas junto al calor templado del fuego; acarreando más leña y manteniendo el fuego vivo invitaban a otras tribus y, con señas, les hacían ver las ventajas que lograrían con el fuego. En este tipo de reuniones o encuentros, como emitían sonidos muy confusos e incomprensibles, fijaron unos términos provocados por su trato cotidiano. Con el fin de actuar lo mejor posible, comenzaron a hablar entre ellos designando con nombres los distintos objetos más útiles y, por casualidad, surgieron las primeras conversaciones. Por tanto, habían surgido las asambleas y la convivencia, precisamente por el descubrimiento del fuego. Las primeras comunidades de humanos se agruparon en un mismo lugar en un número elevado, y dotados por la naturaleza de un gran privilegio respecto al resto de animales, como es el que caminaran erectos y no inclinados hacia adelante, observaron las maravillas del universo y de los cuerpos celestes, e igualmente manipularon los objetos que querían con toda facilidad con sus manos y sus dedos y, así, unos construyeron techumbres con follaje, en aquellas primitivas agrupaciones humanas; otros excavaron cuevas al píe de la montaña, e incluso otros, fijándose en los nidos construidos por las golondrinas, imitándolos, prepararon habitáculos donde guarecerse, con barro y con ranutas. Al observar unos las chozas de otros y al ir aportando diversas novedades, fruto de sus reflexiones, cada vez iban construyendo mejor sus chozas o cabañas. Mas al tener los humanos una enorme capacidad natural imitativa que -aprende con facilidad, día a día mostraban unos a otros sus logros, satisfechos de sus propios descubrimientos, y, de esta forma, cultivando su ingenio en las posibles disputas o debates, lograron construir cada día con más gusto y sensatez. En un primer momento, levantaron paredes entrelazando pequeñas ramas con barro y con la ayuda de puntales en forma de horquilla colocados en vertical. Otros levantaban las paredes, después de secar terrones de tierra arcillosa, uniéndolos asegurándolos con maderos atravesados que por la parte superior cubrían con cañas y follaje, con el fin de protegerse de las lluvias y de los fuertes calores. Posteriormente, las techumbres, incapaces de soportar las borrascas de las tempestades invernales, fueron sustituidas por techos de doble pendiente, y así, cubriendo con barro las techumbres inclinadas, consiguieron que se deslizaran las aguas de lluvias.
Siendo consecuentes con lo que acabamos de describir, podemos concluir que así fueron las costumbres en un principio, en sus orígenes, pues hasta el presente se sigue todavía construyendo así, con tales materiales, en naciones extranjeras como Galia, España, Lusitania y Aquitania donde utilizan para techar tablillas de roble o bien paja. Entre los habitantes de la Cólquide, en el Ponto, debido a sus abundantes y espesos bosques, colocan árboles de igual tamaño tendiéndolos en tierra a derecha e izquierda, dejando entre ellos un espacio equivalente a su altura y en las partes extremas fijan otros árboles transversales, que rodean el espacio central de la vivienda. Posteriormente, uniéndolos y asegurándolos con maderos atravesados alternativamente, por los cuatro lados forman los ángulos o esquinas y así levantan las paredes en perpendicular, e incluso unas torres muy elevadas; los huecos que quedan, por no ajustar bien los maderos, los cubren con barro. Cortando los extremos de las vigas transversales en las techumbres, consiguen que se vaya reduciendo gradualmente su distancia, paso a paso, y así desde las cuatro partes levantan, en la parte central, unas pirámides que cubren con follaje y barro; construyen los techos abovedados de las torres, siguiendo el uso de los pueblos extranjeros. Los Frigios, que habitan en zonas llanas, debido a que no hay arbolado en abundancia, como carecen de madera, eligen unas colinas naturales en las que excavan fosas en su parte central, van perforando unos caminos o pasos con los que amplifican su extensión todo lo que les permite la naturaleza del lugar. Levantan unos conos, enlazando entre si unos palos y cubriendo sus puntas con cañas y sarmientos sobre los que amontonan gran cantidad de tierra encima de su habitáculo. De esta forma, por la estructura de sus techumbres, consiguen unas chozas muy cálidas en invierno y muy fresquitas en verano. Algunos arreglan sus tejados con cañas y juncos. Otros pueblos, y en numerosos lugares, llevan a cabo sus construcciones utilizando una hechura muy parecida. En Marsella también podemos observar viviendas sin ninguna clase de tejas, simplemente con tierra amasada con paja. En Atenas tenemos el ejemplo del Areopago, que se mantiene hasta nuestros días, cubierto sencillamente con barro. Y también en el Capitolio la cabaña de Rómulo puede hacernos recordar y comprender los usos y costumbres de la antigüedad. En la Ciudadela vemos edificios sagrados cubiertos con paja.
Apoyándonos en estos modelos y reflexionando sobre los logros de los hombres primitivos, podemos concluir que así eran sus construcciones.
Ahora bien, como con la práctica diaria lograron adquirir unos métodos más adecuados para la construcción, utilizando su talento y su astucia y gracias a su actividad cotidiana, consiguieron una buena técnica o profesionalidad; fueron potenciando su habilidad en sus obras y se consiguió que, quienes fueron más diligentes y constantes, profesaran ser artesanos. Por tanto, como realmente fue así en un primer momento y como la naturaleza ha concedido a los humanos no sólo los sentidos —como, en cierto modo, al resto de animales— sino también les ha proporcionado la facultad de pensar, de reflexionar, de deliberar, por ello sometieron al resto de animales a su poder y autoridad; consecuentemente, fueron haciendo progresos paso a paso en la construcción de sus edificios; prosiguieron con otras técnicas y ciencias prácticas y de empezar llevando una vida como las fieras salvajes, pasaron a una vida propia y digna del hombre, más doméstica. Conjugando análisis y reflexiones más complejas, que surgían de la variedad de las distintas artes, consiguieron perfeccionar sus chozas construyendo viviendas cimentadas; levantaron paredes de ladrillo o bien, con piedra y con diversas clases de madera y cubrieron sus techumbres con tejas. Posteriormente, fueron capaces de descubrir la sólida estructura de la simetría, a partir de tanteos inciertos y dubitativos, mediante la observación constante de sus logros.
Cuando cayeron en la cuenta de que la naturaleza era sumamente pródiga en maderas, adecuadas para construir, que ella misma se las proporcionaba, utilizándolas convenientemente fomentaron su calidad de vida, potenciándola por medio de las artes. Por tanto, voy a tratar ahora, como me sea posible, sobre los materiales que aparecen en los edificios, aptos para su uso, sobre las propiedades y cualidades naturales que poseen.
Si algún lector deseara cuestionar el orden del conjunto de la obra, pensando que este libro segundo debiera anteceder al primero, con el fin de que no piense que yo me he equivocado, voy a exponer las razones en las que me he apoyado. Cuando me dispuse a escribir sobre la arquitectura en su conjunto decidi exponer en el primer libro los diversos conocimientos teóricos y enseñanzas prácticas que la adornan, delimitar sus características mediante definiciones e incluso señalar sus orígenes. También especifiqué las cualidades que convienen al arquitecto. En una palabra, en el primer libro estudié las obligaciones de la profesión; en este segundo libro trataré sobre la naturaleza de los materiales que son útiles y provechosos. En efecto, no nos muestra este libro el origen de la arquitectura, sino dónde se han ido formando los orígenes de las construcciones y de qué manera han ido progresando, paso a paso, hasta el desarrollo y perfección de hoy día. Siguiendo el orden exigido, será así la organización y estructura del presente libro.
Voy a volver de nuevo a nuestro tema y voy a tratar sobre los recursos más adecuados para la realización y terminación de los edificios, cómo son producidos por la misma naturaleza y cómo se mezclan y combinan diversos elementos; y además, espero que resulte claro y evidente a los lectores. En efecto, ninguna clase de madera, ni de sustancias ni de nada puede surgir sin una combinación de elementos primarios, ni puede ser objeto de nuestra observación sensorial; de ninguna manera podemos ofrecer una explicación de la naturaleza de las cosas sí no acudimos a las leyes de los fisicos, demostrando con exigentes razonamientos sus propias causas que, en cierto modo, son internas.


Capitulo 2. De que elementos consta la arquitectura

La arquitectura se compone de la Ordenación —en griego, taxis—, de la Disposición —en griego, díathesin—, de la Euritmia, de la Simetría, del Ornamento y de la Distribución —en griego, oeconomia.
La Ordenación consiste en la justa proporción de los elementos de una obra, tomados aisladamente y en conjunto, así como su conformidad respecto a un resultado simétrico. La Ordenación se regula por la cantidad —en griego, posotes—. La Cantidad se define como la toma de unos módulos a partir de la misma obra, para cada uno de sus elementos y lograr así un resultado apropiado o armónico de la obra en su conjunto.
La Disposición es la colocación apropiada de los elementos y el correcto resultado de la obra según la calidad de cada uno de ellos. Tres son las clases de Disposición —en griego, ideae—: la planta, el alzado y la perspectiva. La planta exige el uso del compás y de la regla; con ellos se va plasmando la disposición de los planos, que se utilizarán luego en las superficies previstas para el futuro edificio. El alzado es la representación en vertical de la fachada, coloreando levemente la imagen de la futura obra, siguiendo unas normas. La perspectiva es el bosquejo de la fachada y de los lados alejándose y confluyendo en un punto central de todas las líneas. Todo ello surge como resultado de la reflexión y de la creatividad. La reflexión consiste en una cuidada meditación del propio empeño y del continuo trabajo que lleva a la realización de un proyecto, junto con un sentimiento de satisfacción. La creatividad es la clarificación de temas oscuros y, a la vez, es el logro de nuevos aspectos descubiertos mediante una inteligencia ágil. Estas son las partes que componen la Disposición.
La Euritmia es el aspecto elegante y hermoso, es una figura apropiada por la conjunción de sus elementos. La Euritmia se logra cuando los elementos de una obra son adecuados, cuando simétricamente se corresponde la altura respecto a la anchura, la anchura respecto a la longitud y en todo el conjunto brilla una adecuada correspondencia.
La Simetría surge a partir de una apropiada armonía de las partes que componen una obra; surge también a partir de la conveniencia de cada una de las partes por separado, respecto al conjunto de toda la estructura. Como se da una simetría en el cuerpo humano, del codo, del pie, del palmo, del dedo y demás partes, así también se define la Euritmia en las obras ya concluidas.
En los templos sagrados se toma la simetría principalmente a partir del diámetro de las columnas, o bien de los triglifos o bien de un módulo inicial; en las ballestas, a partir del agujero que en griego llaman peritreton; en las naves, a partir del espacio que media entre remo y remo, llamado dipechyaia.
Igualmente descubrimos la estructura de la simetría a partir de detalles en otras muchas obras.
El Ornamento es un correcto aspecto de la obra o construcción que consta de elementos regulares, ensamblados con belleza. Se logra perfeccionarlo mediante la norma ritual (Se trata de las normas que aplicaban los sacerdotes para levantar los templos de acuerdo con las peculiaridades de cada deidad) —en griego thematismo—, con la práctica, o con la naturaleza del lugar. Fijándonos en la norma ritual encontramos los templos levantados a Júpiter Tonante, al Cielo, al Sol, a la Luna: se trata de templos levantados al descubierto, abiertos; en efecto, la apariencia y la belleza de los dioses citados las contemplamos ostensiblemente a cielo abierto. Para Minerva, Marte y Hércules se levantarán templos dóricos, pues conviene así a estos dioses, sin ningún tipo de lujo, debido a su fortaleza viril. Para Venus, Flora, Proserpina y las Náyades los templos serán corintios, pues poseen cualidades apropiadas por su delicadeza, ya que son templos esbeltos, adornados con flores, hojas y volutas, que parecen aumentar el esplendor de tales divinidades. Si se levantan templos jónicos ajuno, Diana, Baco y otras divinidades similares, se logrará una solución intermedia pues poseen unas características que suavizan la índole austera propia del estilo dórico y la delicadeza del corintio. Atendiendo a la práctica, el ornamento se plasma de la siguiente manera: construiremos vestíbulos apropiados y esmerados si se trata de construcciones magnificas con elegantes interiores. En efecto, si las construcciones interiores tuvieran un aspecto cuidado pero sus accesos fueran de baja calidad y despreciables, no tendrían ningún esplendor. De igual modo, si en los arquitrabes dóricos esculpimos molduras en sus cornisas, o bien si se esculpen triglifos en las columnas y en los arquitrabes jónicos, haciendo una transferencia de las propiedades de un estilo a otro estilo, su aspecto exterior producirá disgusto ante unos usos o prácticas distintos a los ya fijados por el uso, como propios de un orden concreto. Se conseguirá una belleza u ornamento natural si inicialmente se eligen para toda clase de templos unos lugares saludables; sobre todo con abundante agua si se dedican a Esculapio, a la Salud y a los dioses con cuyas medicinas parecen sanar muchos enfermos. Así es, cuando los enfermos hayan sido trasladados desde un lugar insalubre hacia otro más sano y cuando se les proporcione agua procedente de fuentes curativas, mejorarán rápidamente; de este modo, se conseguirá que, por la misma situación del lugar, la divinidad será objeto de opiniones muy positivas y elogiosas, con todo merecimiento. Asimismo se dará también ornamento natural si hacemos que las habitaciones y las bibliotecas reciban la luz, orientándolas hacia el este; que los baños públicos y los invernaderos reciban la luz desde el occidente; que las pinacotecas y las estancias, que precisan de una cierta luminosidad, reciban la luz desde el norte, ya que esta parte ni se oscurece ni adquiere más luminosidad en relación a la posición del sol, sino que mantiene una misma e inmutable claridad a lo largo de todo el día.
La Distribución consiste en la administración apropiada de materiales y de terrenos, unida a unos costes ajustados y razonables de las obras.
Obtendremos esta distribución si el arquitecto no va persiguiendo lo que no puede encontrar o preparar sin grandes dispendios. Veamos un ejemplo: no en todos los lugares se encuentra abundancia de arena de cantera, piedra para edificar, abetos, madera limpia y sin nudos, mármol, sino que cada uno de estos materiales se dan en lugares muy concretos y diferentes por lo que su transporte resulta complicado y muy costoso. Por tanto, donde no haya arena de cantera, utilizaremos arena fluvial o bien arena marina limpia.
Cuando se carece de abetos o de troncos de madera limpia y sin nudos, utilizaremos cipreses, álamos, olmos, pinos. Se alcanzará un segundo tipo de distribución cuando se levanten edificios de acuerdo con el uso al que van destinados, de acuerdo con los propietarios, con su nivel económico o con la dignidad de los inquilinos. Parece claro que las viviendas urbanas deben levantarse de una manera y de otra muy distinta las viviendas rústicas, donde se almacenan los frutos del campo; no es lo mismo construir para prestamistas avaros que para personas honestas y exquisitas; si se trata de ciudadanos influyentes que dirigen el Estado con sus resoluciones, sus viviendas se dispondrán para tal uso. En una palabra, siempre se debe tomar una distribución adecuada a la personalidad de cada uno de los inquilinos de las viviendas.

Capitulo 3. Partes de la Arquitectura

Tres son las partes de la arquitectura: la Construcción, la Gnomónica y la Mecánica. A su vez, la construcción se divide en dos partes: una parte trata sobre la disposición de murallas y de obras comunes en lugares públicos; la otra parte trata sobre el desarrollo de edificios privados. En los edificios públicos se dan tres posibles objetivos: la protección, el culto y la situación ventajosa. La protección se refiere a la estructura de muros, torres y portalones, con la finalidad de rechazar en cualquier momento los ataques de los enemigos. El culto hace referencia a la ubicación de los templos de los dioses inmortales y de los santuarios sagrados. La situación ventajosa consiste en la disposición de lugares comunes destinados a uso público, como son los puertos, foros, pórticos, baños públicos, teatros, paseos y construcciones similares, que se disponen en lugares públicos, atendiendo a una misma finalidad de uso.
Tales construcciones deben lograr seguridad, utilidad y belleza. Se conseguirá la seguridad cuando los cimientos se hundan sólidamente y cuando se haga una cuidadosa elección de los materiales, sin restringir gastos. La utilidad se logra mediante la correcta disposición de las partes de un edificio de modo que no ocasionen ningún obstáculo, junto con una apropiada distribución — según sus propias características— orientadas del modo más conveniente. Obtendremos la belleza cuando su aspecto sea agradable y esmerado, cuando una adecuada proporción de sus partes plasme la teoría de la simetría.

Capitulo 4. La arena

Lo primero de que debemos ocuparnos, en las obras de mamposteria, es de la seleccion de una arena que sea adecuada para el mortero, esto es, que no tenga tierra mezclada. Las clases de arena son: negra, blanca, roja y carboncillo. De estas cuatro clases, la mas idonea sera la que, al frotarla fuertemente con las manos, produce un crujido; este efecto no se consigue con la arena mezclada con tierra, pues no tiene aspereza. De igual modo, la arena mas idonea es la que, envuelta en un vestido blanco, al sacudirla despues, no mancha si ensucia, ni deja sedimento de tierra. Si no hay arenales de donde extraer la arena, debera cribarse la de los rios o bien la grava del litoral marino. Pero esta clase de arena tiene el siguiente inconveniente: se seca con mucha dificultad y las paredes no soportan facilmente grandes cargas, si no se dejan descansar con interrupciones y no se levantan bovedas sobre ellas. La arena del mar tiene este mismo defecto pero aumentado, pues cuando se tiende el enlucido sobre las paredes, al eliminar el salitre, se va deshaciendo. La arena de cantera se seca con rapidez, se mantiene largo tiempo enlucido y permite sobreponer bovedas, pero unicamente si son recien extraidas de los arenales. Si durante largo tiempo permanecen al aire libre, se ablandan por el sol, la luna y los hielos, se resquebrajan y se hacen terrosas. Y asi, cuando se utilizan en mamposteria, no pueden mantener unidas las piedras sino que se desmoronan y las paredes son incapaces de soportar la carga. Pero las arenas de cantera recientes presentan numerosas propiedades en la construccion; no obstante no son eficaces ni aprovechables en los enlucidos, pues al estar mezcladas con cal y con paja, debido a su resistencia, se secan dejando resquicios y terminan por deshacerse. La arena fluvial, al ser muy fina, gana solidez en los enlucidos, como sucede con el llamado mortero de Signia (su nombre hace alusion a la ciudad de Signia, cerca de Roma. Se utilizaba para el suelo de depositos de agua, cisternas, baños, etc…), siempre que se triture bien con la ayuda de pisones.

Capitulo 5. La cal

Explicadas ya las diversas clases de arena, debemos ahora ocuparnos, con el mismo cuidado, sobre la cal que se obtiene por calcinacion de piedra blanca o silice; la cal que resulte de piedra dura y compacta sera muy util en la construccion y la que resulte de piedra mas porosa sera mejor para los enlucidos. Cuando la cal queda apagada, se mezcla con arena de cantera, en proporcion de tres cuartas partes de arena por una de cal; si se trata de arena de rio o de mar se mezclaran dos partes de arena por una de cal; asi se hara una exacta y justa proporcion de la mezcla. Se conseguira una mezcla de mejor calidad para su uso, si se añade a la arena de rio o del mar una tercera parte de arcilla machacada y cribada. Por tanto, cuando se echa agua y arena a la cal, se consigue consolidar la obra y la razon parecer ser que, como todas las sustancias, las piedras tambien estan compuestas por los cuatro elementos basicos: las que poseen mas aire, son blandas; las que poseen mas agua, resultan mas ductiles por su humedad; las que tienen mas tierra son mas duras y las que tienen mas fuego son quebradizas.
Consecuentemente, si antes de someterlas al fuego colocamos alguna de estas piedras pulverizadas y mezcladas con arena, no adquiriran solidez ni podran mantener en pie la construccion. Pero, puestas al fuego en el horno, van perdiendo la fuerza de su solidez originaria, prendidas por el calor intenso del fuego; abrasadas y agotadas sus virtualidades quedaran con sus poros patentes y acabaran siendo esponjosas. En conclusion, una vez consumidos y desaparecidos el agua y el aire, inherente en estas piedras, en su interior poseeran un calor latente y subsistente; mojandolas en aguas, antes de recibir la fuerza del fuego, al ir penetrando la humedad en la porosidad de sus pequeñas aberturas, comienzan a calentarse y, de este modo, al refrescarlas, sale el calor interior de la cal. Por ello, cuando las piedras se colocan en el horno, al cabo de un tiempo mantienen el mismo peso y cuando las volvemos a pesar, sacandolas del horno, aun manteniendo sus propias dimensiones, descubrimos que han perdido casi una tercera parte de su peso, pues su elemento liquido ha quedado depurado por el fuego. Por tanto, cuando la cal mantiene abiertos sus poros, se mezcla facilmente con la arena, se une conjuntamente y, al secarse, logra la solidez de los edificios si la mezclamos con piedras de cimentar.

Capitulo 6. El polvo de Puzol

Encontramos tambien una clase de polvo que encierra verdaderas maravillas, de un modo natural. Se da en la region de Bayas, en las comarcas de los municipios situados cerca del volcan Besubio. Mezclado con cal y piedra tosca, ofrece una gran solidez a los edificios e incluso en las construcciones que se hacen bajo el mar, pues se consolida bajo el agua. Parece que esta particularidad se debe a que, bajo las montañas, hay tierras ardientes y abundante agua caliente, que no se darian si no hubiera en las profundidades magma en grandes cantidades, que arde o bien por el azugre, o bien por el alumbre, o por el betun. Asi, al permanecer el fuego en la profundidad, el calor de sus llamas va abrasando los intersticios teluricos configurando una tierra ligera y la toba, que surge aqui, no contiene nada de agua. Por tanto, como estos tres factores, originados por una causa similar como es la fuerza del fuego, coinciden en una sola mezcla, al absorber agua a la vez, se unen formando un todo compacto y endurecido, que adquiere mayor solidez por causa del agua, y ni las olas ni el impetu del mar pueden deshacerlos o disolverlos. Este hecho es indicativo de que en estos parajes hay tambien fuego, pues en los montes de Bayas y Cumas encontramos unos pozos excabados, que actuan como sudaderos (segun Estrabon, precisamente de estos pozos tomo el nombre la ciudad de Pozol); el vapor hirviente que nace en la profundidad, por la fuerza del fuego va perforando esta parte de tierra y al manar surge en estos lugares logrando las extraordinarias ventajas que proporcionan los sudaderos. Se dice que antiguamete el fuego era mas abudante en el interior del Vesubio, que eruptaba unas llamas que llegaban hasta los campos limitrofes. Por ello, la esponja o piedra pomez pompeyana es una clase de piedra cocida que ha adquierido las cualidades propias de la piedra pomez. Esta clase de piedra esponja no se ha en cualquier lugar, sino en torno al Etna y en las colinas de Misia, que los griegos llaman Catacecaumene y posiblemente en otros lugares de similares caracteristicas.
Si pues se encuentran en estos lugares manantiales hirvientes y vapores calientes cuando se hacen excavvaciones, y si los antiguos mencionan estos mismos lugares e indican que en estos mismos campos habia llamas que se esparcian, parece cierto que la fuerza del fuego fue secando la toba y la tierra, como sucede en los hronos cuando se vierte cal. Por consiguiente, a partir de elementos tan desiguales y distintos agrupados en una sola sustancia natural, al resolver el agua la ausencia calida de humedad, se calienta en sus elementos comunes mediante un calor oculto y de forma violenta logra que se mezclen, adquiriendo una extraordinaria virtualidad de solidez.
Sabemos que en Etruria se encuentran abundantes fuentes de agua caliente y nos queda la curiosidad de saber por que no surge alli tambien ese polvo que, por las mismas razones de antes, se solidifica en las obras construidas bajo el agua. Me ha parecido bien ofrecer una explicacion sobre estas fuentes, antes de que se me formule esta pregunta. Ni una misma tierra, ni unas mismas piedras surgen en cualquier lugar, sino que unas son de tierra, otras contieneng rava o cascajo; sin embargo, en otros lugares son arenosas y en distintas regiones encontramos piedras con caracteristicas completamente diversas. Podemos considerar esta diversidad atendiendo a un hecho muy claro: donde los Apeninos rodean las regiones de Italia y de Etruria, casi en cualquier parte encontramos arena de cantera; pero al otro lado de los Apeninos, exactamente en la region que queda junto al mar Adriatico, no encontramos tal arena, e igualmente, ni siquiera se la conoce en Acaya, ni en Asia, ni al otro lado del mar. Por tanto, no en todos los lugares en los que brotan fuentes de agua hirviendo concurren las mismas propiedades y del mismo modo, sino que toda se va originando no por la voluntad del hombre sino por la propia naturaleza, que lo va diversificando de manera casual. Asi pues, en los lugares donde los montes no son terrosos sino de abundante leña, la fuerza del fuego la va quemando, al salir a traves de sus vetas. Quema y destruye lo que es blando y flexible, pero no lo que es aspero y duro.
Asi como la tierra abrasada de Campania se convierte en cenizas, asi en Etruria la madera calcinada se va transformando en carboncillo. Ambas son muy rentables y efectivas en la construccion: la ceniza resulta excelente en los edificios construidos en tierra firme y el carboncillo resulta tambien excelente en las construcciones maritimas. La virtualidad o propiedad de la madera de Etruria es mas suave que la toba, pero mas consistente que la tierra. Esta clase de arena, que es el carboncillo, se da en muchos lugares al quemarse la tierra interiormente por la intensidad y la fuerza del vapor subterraneo.

Capitulo 7. Las canteras.

Bien, hemos hablado ya sobre la cal y la arena, sus variedades y sus propiedades. Siguiendo el orden, vamos a desarrollar ahora el terna sobre las canteras de las que se extraen piedras talladas y piedras toscas que utilizarnos para la edificación. Son piedras que poseen muy diversas y distintas propiedades. Unas, en efecto, son blandas, como la «piedra roja» que encontramos en las proximidades de Roma, las de Pallene, las de Fidenes y las de Alba; otras son templadas, corno las de Tívoli, Anriterno, Soracte y otras similares; otras piedras son duras corno es el pedernal. En verdad hay otras muchas clases, como la toba roja y negra de Campania, la toba blanca de Umbría, Piceno y Venecia, que se puede cortar, como si fuera madera, con una sierra dentada. Las piedras blandas poseen la cualidad de que, después de extraerlas de las canteras, se manejan con toda facilidad. Si se colocan en lugares cubiertos, mantienen perfectamente el peso de la obra, pero si están en lugares abiertos al cielo, se desmenuzan y se deshacen debido a los hielos y a las escarchas; igualmente, junto a la costa del mar se disuelven carcomidas por el salitre y no resisten ni el oleaje ni las mareas. La piedra Tiburtina, y las que tienen similares características, soportan bien el detrimento ocasionado por las condiciones meteorológicas y por el peso, pero no resisten la fuerza del fuego y en cuanto les albeta se hacen añicos y quedan destruidas; se debe a que son mas bien piedras secas en su composición natural, poseen poca cantidad de tierra y una gran proporción de aire y de fuego. Por tanto, corno contienen poca cantidad de agua y de tierra, al penetrar el fuego profundamente y llenar los espacios vacíos de los intersticios, comienza a calcinarías, pues desaparece el aire por la fuerza y el influjo del calor, consiguiendo unas sustancias igneas parecidas a su natural y propia cualidad. Encontramos abundantes canteras en los alrededores de Tarquinia, las llamadas «canteras ancianas», con un color parecido al de las canteras de Alba; e igualmente, junto al lago de Bolsena y también en la prefectura de Statonia Poseen innumerables propiedades: resisten magníficamente las heladas y la. fuerza del fuego, se mantienen sólidamente durante largo tiempo, pues poseen poca cantidad de aire y de fuego, gran cantidad de tierra y algo de agua. Así, endurecidas por una solidez compacta, no sufren ninguna alteración ni por la intemperie ni por la violencia del fuego.
Podemos concluir estas cualidades fijándonos en los monumentos que se encuentran cerca de Ferente, labrados con piedras de estas canteras Allí se levantan magníficas y excelentes estatuas y pequeñas figuritas, e incluso flores y acantos tallados primorosamente; aunque son antiguos, parecen realmente recientes, como si los acabaran de tallar Igualmente, los fundidores de bronce hacen sus moldes con piedras de estas canteras, pues poseen importantes propiedades para la fundición del bronce. Si estuvieran cerca de Roma, mereceria nuestro elogio el que se concluyeran todos los edificios precisamente con piedras de estas canteras pero, debido a la proximidad, la necesidad nos impone usar las canteras de piedra roja, las de Palla y otras que encontramos cerca de aquí. Si queremos concluir las obras sin ningún defecto, deben prepararse las piedras de antemano de la siguiente manera: se extraerán las piedras en bruto con una antelación de dos años antes del momento de edificar; se extraerán en el verano y no durante el invierno. Y amontonadas en tierra se mantendrán a cielo raso Las que durante estos dos años queden dañadas por los temporales, colóquense en los cimientos; las restantes, que estén intactas, como probadas por la misma naturaleza, darán solidez y firmeza en las construcciones que se levanten a lo alto. Estas precauciones deben tenerse en cuenta también con las piedras para la mampostena.


Capitulo 9. La madera

La madera debe cortarse en el intervalo de tiempo que media entre el otoño y un poco antes de que empiece a soplar el Favonio. No es conveniente cortarla en primavera, pues todos los árboles están a punto de brotar y concentran su energía para hacer florecer su follaje y sus frutos de cada año. Cuando estan sin bojas y húmedos, por motivo de la estación del ano, son inútiles y poco aptos, debido a su porosidad. Igual que las mujeres, cuando están en estado, no poseen un cuerpo sano ni vigoroso desde la concepción hasta el parto, ni tampoco se ofertan como sanas ni fuertes las embarazadas que son vendidas como esclavas; se debe a que, al desarrollarse el feto en el utero, toma para su propio provecho las propiedades y vitaminas del alimento y cuanto se va haciendo más desarrollado hasta madurar en el momento del parto, menos permite que sean fuertes y sólidos los cuerpos donde se va engendrando.
Después del parto, dado que el alimento inicialmente era apartado hacia otro ser, se ve libre por la separación del feto ya nacido. Al recibir y absorber la Fuerza vital por sus venas vacías y abiertas, el cuerpo se va endureciendo y vuelve a su anterior solidez y firmeza natural.
Exactamente por la misma razón, en el otoño, al madurar sus frutos y en consecuencia marchitarse su follaje, reciben las raíces de los árboles toda su savia de la misma tierra, y vuelven a renovar su anterior robustez. La fuerza del frió invernal les da consistencia y los mantiene como comprimidos, durante esta estación, como he dicho anteriormente. Por tanto, si se tala su madera durante este tiempo, será una madera apropiada por las razones que he expuesto. Conviene que sea talado haciendo un corte en el tronco del árbol por la mitad hasta la medula y se deje asi, con el fin de que se vaya secando y deje caer gota a gota su jugo. En consecuencia, el liquido perjudicial o nocivo, más próximo al tuétano de la madera, no se corromperá dentro ni corromperá tampoco la calidad de la madera. Cuando el árbol esté seco y sin gota de humedad, será el momento preciso para derribarlo, pues será magnífico para ser utilizado en la construccion. Exactamente lo mismo debe tenerse en cuenta sobre toda clase de arbustos. En efecto, cuando éstos son atravesados de parte a parte en su zona mas baja y a su debido tiempo, derraman el líquido sobrante y nocivo de sus médulas a través de sus poros, y al irse secando adquieren una larga duración. Ahora bien, los que no posean poros por donde salgan sus líquidos, al desarrollarse éstos en su interior, se hacen putrefactos y se corrompen, haciéndolos inútiles y defectuosos. Por tanto, sí se mantienen en píe y con vida. y al secarse no pierden su vigor, cuando sean abatidos para aprovechar su madera —si han sido saneados de esta forma—, con toda seguridad ofrecerán importantes ventajas en los edificios, durante largo tiempo.
Comparados cinte sí los árboles ofrecen propiedades diferentes y variadas, como por ejemplo, el roble, el olmo, el álamo, el ciprés, el abeto…, que proporcionan una madera muy adecuada para la construcción. No tiene las mismas propiedades el roble que el abeto, ni el ciprés que el olmo; ningún árbol posee las mismas cualidades que otros debido a su propia naturaleza, sino que cada clase de árbol, en relación con los demás, sobresale por unas propiedades específicas de su clase. En primer lugar, el abeto contiene gran cantidad de aire y de fuego y apenas agua y tierra; pesa muy poco, pues posee los principios más ligeros de la naturaleza. Si se mantiene con su vigor natural, soporta sin doblarse el peso que se imponga y permanece totalmente recto en el entramado. Como contiene en su interior excesivo fuego, genera y alimenta la carcomía; además se inflama rápidamente, pues como posee poco aire y es excesivamente poroso, arde con facilidad, produciendo abundantes llamas.
Antes de ser cortado, la parte del abeto que esta en contacto con la tierra es lisa y sin nudos, pues toma el agua de las proximidades por medio de las raíces. En la parte del abeto que está más elevada, por la fuerza del calor salen al exterior muchas ramas y es muy nudoso; al talarlo aproximadamente a 20 pies de altura y al cepillarlo bien, se dice que es un abeto «fusterno», debido a la. dureza de sus nudos. La parte más baja, cuando al cortar el abeto queda separada en cuatro partes siguiendo sus vetas, eliminando la parte inmediata al tuétano de la madera, la madera restante se utiliza para obras de talla delicada e interior, y se denomina «sapínea».
La encina posee en abundancia mucha tierra y escasos principios de agua, aire y fuego; cuando se soterra en excavaciones, adquiere una ilimitada duración. Debido a su densidad tío tiene poros y si se humedece, no puede recibir el líquido, resiste la humedad, se retuerce y acaba agrietando las obras en las que se utilice.
Por el contrario, la encina «aesculus» adquiere magníficas propiedades para la construcción, ya que posee una adecuada combinación de los cuatro principios; si se coloca en un sitio húmedo, al recibir el agua por sus poros y al despedir el aire y el fuego, queda dallada y se echa a perder por su excesiva humedad. El brezo, el alcornoque y el haya, puesto que poseen una mezcla equilibrada de agua, fuego y tierra y abundante cantidad de aire, se marchitan rápidamente al recibir agua de sus raíces a través de sus poros. El álamo blanco y el álamo negro, así como el sauce, el tilo y el agnocasto poseen gran abundancia de friego y de aire, moderadamente agua y escasa tierra, con una composición mas ligera; por ello, ofrecen una excepcional firmeza en su uso.
Por la mezcla de tierra que contienen, son más bien blandos y por su porosidad adquieren un color blanco, ofreciendo una apropiada manejabilidad para las tallas. El aliso (álamo negro), que crece junto a las orillas de los nos, aparentemente su madera es escasamente aprovechable, pero sin embargo condene extraordinarias cualidades. En efecto, posee gran cantidad de aire y de fuego, relativamente poca tierra y menos todavía agua. Enraizados en terrenos pantanosos, como cimientos, y clavándolos como estacas para edificar sobre ellos, recogen la humedad de la que están faltos, y se mantienen perennes durante larguísimo tiempo soportando el impresionante peso de todo el edificio, sin ocasionar ningún defecto. No sobreviven mucho tiempo fuera de la tierra, pero sí sumergidos en el agua. Es muy interesante observar este tipo de construcciones en Rávena, donde todos los edificios, tanto públicos como privados, se levantan sobre estacas que sirven de cimientos y son de esta clase de madera. El olmo y el fresno poseen gran proporción de agua, poquísimo aire y fuego y una cantidad relativa de tierra. En las construcciones son blandos y por su exceso de humedad no poseen rigidez y se curvan rápidamente; cuando con el paso de los meses se secan, o bien van muriendo por la pérdida de humedad, se endurecen y, por su ductilidad, actúan como firmes ataduras en las uniones y junturas. El carpe contiene muy escasa cantidad de fuego y de tierra y muchísimo aire y agua, es poco quebradizo y posee una manejabilidad francamente muy aprovechable. Los griegos, que fabrican los yugos de las caballerías con esta madera llamados ziga -, llaman también del mismo modo al carpe —zygian—.
Son muy admirables y llamativos el ciprés y el pino, pues contienen una composición equilibrada de fuego, aire y tierra y abundante agua; debido a la cantidad de agua, normalmente se curvan en las construcciones pero se conservan intactos durante largo tiempo, pues el liquido que constituye su naturaleza interior posee un sabor amargo que impide el que penetre la carcoma y los insectos que causan graves daños. Por tanto, los que se llegan a usar en las construcciones intactos durante largo tiempo, pues el líquido tille constituye su naturaleza interior posee un sabor amargo que impide el que penetre la carcoma y los insectos se mantienen en inmejorables condiciones durante largo tiempo. El cedro y el enebro poseen las mismas propiedades y las mismas ventajas; pero mientras que del ciprés y del pino destila la resina, del cedro brota un aceite que se llama “aceite de cedro”; cuando se ungen con este aceite los libros, quedan protegidos contra la carcoma y las polillas; la disposición de sus hojas y ramas es parecida a la del cipres; su madera es de veta recta. En el templo de Efeso hay una estatua de Diana de madera de cedro, asi como un artesonado; también en otros nobles templos hay artesonados de la misma madera, precisamente porque dura una eternidad.
Los cedros nacen, sobre todo, en Creta, Africa y en algunas regiones de Siria. El alerce, que unicamente es conocido en los municipios que bordean el rio Po y las Costas del Adriatico, no solo se mantiene a salvo de la carcoma y de la polilla, por poseer una savia nociva y fuerte, sino que ademas es incombustible, a no ser que se queme con otra clase de leña, como sucede con las piedras que se queman en el horno para producir cal; ni siquiera así se pueden prender ni se pueden reducir a carbón, sino que tras mucho tiempo, lentamente, se destruyen por el friego. Posee una composicion mínima de friego y aire y una solidez compacta por el agua y por la tierra; no tiene poros por donde pueda penetrar el fuego, resiste su fuerza y taran mucho tiempo en quedar dañado; por causa de su peso no flota sobre el agua, por lo que debe ser transportado en naves o en balsas de madera de abeto.
Merece la pena conocer el hallazgo de esta. madera tan especial. Estaba acampado con su ejército el Divino César cerca de los Alpes y ordenó a los municipios que le abastecieran de víveres. Allí mismo había una fortaleza, llamada Larigno. cuyos habitantes, confiados en su protección natural, desobedecieron sus órdenes. El emperador decidió acercar sus tropas. Ante el portalón de la fortaleza había una torre, construida con esta misma madera, mediante vigas transversales alternativamente, como se prepara una pira, con el fin de rechazar desde lo alto, poseían otro tipo de dardos y que no podían lanzarlos muy lejos de la muralla, con palos y piedras, a quienes intentaran acercarse. Mas al advertir César que no poseían otro tipo de dardos y que no podían lanzarlos muy lejos de la muralla, por resultar muy pesados, ordeno que, acercándose a la torre, arrojaran unos manojos de ramas y teas encendidas. Rápidamente los soldados prepararon montones de ramas y de teas y cuando las llamas prendieron las ramas en torno a la torre de madera, corrió el rumor por todas partes de que aquella inmensa mole habia cedido en su totalidad. Se apago el fuego, se normalizo la situación y apareció la torre intacta e inmune. Cesar, lleno de admiración, mandó que fuera rodea— da de nuevo y que se colocaran mas allá del alcance de los dardos. Los habitantes de la fortaleza, llenos de temor, se rindieron; César preguntó de dónde procedía aquella madera que resultaba incombustible. Le mostraron unos árboles que eran muy abundantes en aquellos parajes. Así, del nombre de la fortaleza «Larignum» tomó su nombre esta madera que se llama «larigna». Se transporta a Rávena por el cauce del río Po y se suministra a las colonias de Fano, Pésaro, Ancona y otras colonias que pueblan esta. región. Si fuera posible transportarla a Roma, proporcionaría grandes beneficios para las edificaciones, si no para todo el edificio, ciertamente sí para los tablones que se colocan en los aleros bordeando las casas de alquiler; de esta manera, los edificios quedarían libres del peligro de los incendios, a que esta madera resiste eficazmente el fuego y no se deshace en cenizas. Los alerces poseen hojas parecidas a las del pino; su espléndida madera es tan manejable para obras de talla delicada como la del abeto y posee una resma líquida, del color de la miel de Atica, que tiene propiedades curativas, sobre todo para los tísicos. He ido explicando cada una de las maderas, asi como las propiedades que la naturaleza les ha concedido y las condiciones en las que se producen. Paso a explicar ahora por qué el abeto que en Roma se llama «abeto del Adriático» es de peor calidad que el abeto «del Tirreno», que presenta una extraordinaria utilidad por su larga duración; pues bien, paso a explicar estos tenias, los defectos o cualidades que poseen según las particularidades del terreno, con el fin de clarificar a quienes consideren estas palabras con atención.

Fuente: Arquba

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